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¿Crees en la magia? cuando inviertes tu ahorro a largo plazo hay magia sin trucos

BBVA AM España

22 de noviembre de 2021

Se suele decir que es conveniente empezar a ahorrar cuanto antes para jubilación y para cualquier otro objetivo financiero de medio y largo plazo, a ser posible cuando se accede por primera vez al mercado laboral.

Esa afirmación se debe a varias razones complementarias entre ellas y que trabajan en equipo.

Una razón es el hecho de que desconcentrar y periodificar cualquier esfuerzo a lo largo de un espacio temporal más largo, convirtiéndolo en cientos o miles de pequeños esfuerzos (las aportaciones periódicas, en el caso del ahorro) hace más fácil de lograr el objetivo de ese esfuerzo.

Además, en el ahorro a largo plazo el horizonte temporal juega a favor del ahorrador por otro motivo: el efecto de la capitalización financiera y el interés compuesto (es decir, la acumulación al ahorro de la rentabilidad obtenida de las aportaciones), hacen multiplicar ese ahorro acumulado.

¿Qué es el Interés compuesto?

Es el efecto que tiene el interés sobre el capital inicial (aportaciones realizadas) y los intereses generados.

El interés compuesto consiste en que las rentabilidades que se van logrando con la inversión del ahorro se unan al capital sobre el que aplica el rendimiento, de forma que el capital base va creciendo y, por lo tanto, si se mantiene positiva la tasa de interés, también van creciendo las ganancias.

Por lo tanto, tiene un efecto multiplicador, ya que los intereses reinvertidos son utilizados para producir nuevos intereses.

El interés compuesto es como una “bola de nieve”

Si tirásemos una diminuta bola de nieve ladera abajo, al principio solo cogería pequeñas cantidades de la nieve que va encontrándose en su camino. Pero, poco a poco, irá adquiriendo un mayor tamaño que le permitirá coger más nieve e incrementar su fuerza.

Al llegar al final de la ladera, esa pequeña bola de nieve se habrá convertido en una gran bola.

¿Cuál es la diferencia con el interés simple?

A diferencia del interés compuesto, el interés simple no tiene en cuenta intereses anteriores para poder generar nuevos intereses.

Con el interés simple, solo se utilizaría el capital inicial invertido para generar rentabilidad, por lo que el capital invertido en todos los periodos sería el mismo. Es el caso, por ejemplo, de cuando nos pagan cupones periódicos por un bono o otra inversión de renta fija.

NO siempre es fácil hacer magia

El interés compuesto da más resultados cuanto más largo sea el plazo de la inversión. Ello debido a la acumulación de más intereses o rentabilidades al capital único invertido o a las aportaciones realizadas, y porque en horizontes de largo plazo se minimiza el efecto las caídas y volatilidades que los mercados de valores, especialmente de renta variable, pueden sufrir en determinados momentos puntuales.

En cambio, ahorrar para un objetivo financiero de corto plazo hace que el esfuerzo económico que hay que hacer sea mayor, porque no se contará apenas con ese apoyo de la magia del interés compuesto.

La regla del 72: llévala en tu cabeza

El positivo impacto que el interés compuesto puede tener en la inversión de nuestro ahorro se explica con la regla del 72.

Dividiendo 72 entre la rentabilidad promedio de una inversión, se obtiene el número de años que se necesitan para duplicar la inversión. A modo de ejemplo, si invertimos un importe inicial en un producto financiero con una rentabilidad promedio de un 6% anual, en 12 años habremos duplicado esa inversión inicial, sin necesidad hacer nuevas aportaciones.

Si bien no está demostrado que lo dijese, se atribuye a Albert Einstein la frase de que la formula del interés compuesto es “la fuerza más poderosa del universo”.