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Las claves semanales del 3 al 7 de octubre de 2022

BBVA AM España

03 de octubre de 2022

Las salidas de flujos de capital y los desplomes de precios en las divisas y otros activos financieros domésticos, habían afectado históricamente a los mercados emergentes. En esta ocasión, los países emergentes también están sintiendo el efecto de la fortaleza del dólar, pero gran parte del ajuste ya se había producido durante los últimos años y muchos bancos centrales de estos países se habían adelantado a la hora de endurecer sus políticas monetarias. Ahora son los mercados desarrollados, como Reino Unido, Japón y la eurozona, los que están sufriendo oscilaciones en sus divisas similares a las de los mercados emergentes. Dado que se percibe que sus bancos centrales están rezagados, sus problemas internos (crisis energética, incertidumbres políticas), conducen a intensos ajustes en sus divisas, en un entorno en el que la Reserva Federal aumenta sin descanso los tipos de interés.

Monitor de mercado

En otras palabras, el desafío tradicional que afrontaban los mercados emergentes se está convirtiendo en cierta medida en un problema también para los grandes países desarrollados. Por supuesto, unas monedas más débiles harán poco para impulsar el crecimiento en un entorno de demanda global a la baja, pero ciertamente dificultarán la desinflación a medida que las importaciones de materias primas, denominadas en dólares, se trasladen a los precios domésticos. La nueva sorpresa al alza de la inflación en la zona del euro del pasado viernes, por encima del 10% interanual, es un recordatorio de ello.

El dólar es mi divisa, pero es tu problema. Esta frase la pronunció en 1971 John Connally, Secretario del Tesoro estadounidense, a un grupo de ministros de finanzas europeos, preocupados por el hecho de que la debilidad de sus divisas frente al dólar les estuviera generando mucha inflación. Cincuenta años después, la problemática vuelve a ganar protagonismo. ¿Le preocupará a la Fed? Probablemente no, hasta que tenga firmemente controlada la estabilidad de precios. Así, la Reserva Federal considerará la situación económica del resto del mundo solo en la medida en que afecte las condiciones financieras, los precios de importación, los precios de la energía y la demanda de bienes y servicios en Estados Unidos.

Durante los últimos días, hemos tenido abundantes ejemplos de este tipo. La fuerte reacción del mercado al anuncio fiscal del Reino Unido del viernes 23 de septiembre, continuó durante la semana pasada y la libra esterlina llegó a tocar la paridad contra el dólar en su momento de mayor debilidad y se registraron aumentos extremos en los rendimientos de los bonos soberanos. Esto último provocó la intervención del Comité de Estabilidad Financiera del Banco de Inglaterra, ya que los fondos de pensiones del Reino Unido, con sus grandes carteras de bonos soberanos, empezaron a parecer vulnerables. El BoE comprará hasta 5.000 millones de libras esterlinas al día de bonos a largo plazo hasta el 14 de octubre. Al mismo tiempo, lógicamente, también pospuso el inicio de su programa de reducción de balance hasta el 31 de octubre. Aunque el efecto inmediato de la intervención fue muy fuerte, estamos hablando de una solución temporal, ya que la estabilidad de precios requiere unas condiciones financieras más estrictas a medio plazo. Del mismo modo, el Banco de Inglaterra tendrá que realizar un fuerte aumento de tipos en su reunión de noviembre, que el mercado está situando en los 150 puntos básicos en estos momentos

En Asia, el Banco de Japón ya había intervenido en el mercado de divisas la semana anterior, en lo que fue la primera intervención de compra de yenes desde la crisis asiática de 1998. Fue la reacción a la depreciación «excesiva» del yen, consecuencia de la decisión del Banco de Japón de dejar su política monetaria ultra acomodaticia sin cambios. Aquí también, el efecto inicial fue una gran recuperación en la cotización del yen. Sin embargo, es poco probable que los efectos sean duraderos. De hecho, el yen ha vuelto a acercarse esta semana a los niveles en los que se produjo la intervención.

La vertiginosa velocidad de los movimientos del mercado de divisas también se ha replicado en el renminbi chino, que se encuentra en sus niveles más débiles frente al dólar en más de 15 años, pero que se ha depreciado con mayor intensidad en las últimas dos semanas. De momento, el banco central chino se ha limitado a emitir comunicados, lo que acrecentó la volatilidad en el mercado de tipos de cambio y el nerviosismo de los inversores. En China, la debilidad de la moneda parece reflejar los fundamentos económicos del país, ya que el crecimiento no muestra signos reales de mejora, la demanda de productos chinos se desacelera y es poco probable que se dé un giro en la política de COVID cero.

Aunque el Reino Unido atrajo la mayor atención esta semana, las incertidumbres en Europa no están disminuyendo. El resultado de las elecciones de Italia no sorprendió: la coalición de derecha resultó ganadora de las elecciones italianas y Giorgia Meloni, la líder de Hermanos de Italia recibirá previsiblemente el encargo de formar gobierno. El nuevo gobierno tendrá un tiempo limitado para trabajar en el presupuesto de 2023, donde se pondrán a prueba sus promesas de campaña. Por ejemplo, un aumento en las pensiones mínimas a 1.000 euros por mes y un tipo impositivo fijo, podrían generar nerviosismo en el mercado con respecto a la credibilidad del país y la sostenibilidad de su deuda. A medio plazo, es probable que el nuevo gobierno traiga una postura fiscal más laxa y un mayor riesgo de fricciones con la Unión Europea.

Por otra parte, durante los meses de verano, muchos inversores parecían esperanzados por algún tipo de acuerdo en el conflicto entre Rusia y Ucrania durante el otoño, lo que ayudó a mejorar la confianza en Europa. Sin embargo, tales escenarios parecen cada vez más improbables, ya que durante los últimos días se intensificaron las tensiones geopolíticas, con la anexión de cuatro regiones ucranianas por parte de Rusia y daños por probables actos de sabotaje en los gasoductos Nord Steam 1 y 2. Aunque no fluía gas desde Rusia a través de estos gasoductos, el aparente sabotaje centrado en la parte danesa de la infraestructura y no muy lejos de un gasoducto no vinculado a Rusia, creó una incertidumbre adicional, lo que llevó a que los precios del gas se dispararan un 20% a mediados de semana, que se revirtieron en gran medida en la sesión del viernes.

Al mismo tiempo, la inflación de septiembre en la eurozona volvió a sorprender con fuerza al alza y alcanzó el 10,0% interanual. Los mayores precios de la energía y los alimentos en septiembre estuvieron acompañados de un fuerte aumento de la inflación subyacente, explicado solo en parte por efectos estacionales. En ausencia de una respuesta centralizada a la crisis energética, los estados miembros nacionales han comenzado a anunciar importantes estímulos fiscales. Alemania, en particular, anunció un sorprendente paquete de 200.000 millones de euros para amortiguar los precios de la energía, lo que generó peticiones de un mayor endeudamiento a nivel de la UE, para ayudar a los países con un espacio fiscal limitado, que no pueden permitirse intervenciones de esta magnitud. Por supuesto, cuantos más paquetes de apoyo fiscal se anuncien, menos caerá la demanda interna. Obviamente, aunque esa sea la intención de los gobiernos, tal combinación de generosidad fiscal y mercados laborales muy sólidos, podría hacer que las presiones inflacionistas subyacentes sean más persistentes. En última instancia, la consecuencia puede ser un mayor ajuste monetario por parte del BCE.

Para terminar, los datos publicados en Estados Unidos durante la semana pasada, ofrecieron a la Fed pocas razones para moderar su ajuste monetario. El panorama general sigue siendo de una demanda subyacente bastante resistente y presiones de precios todavía sólidas. El deflactor del consumo privado del mes agosto mostró un aumento del mensual del 0,6%, que superó las expectativas del consenso. Además, la tasa subyacente también registró una sólida ganancia del 0,5% mensual en agosto, lo que probablemente haya convencido a la Fed de que queda mucho trabajo por delante para embridar las altas tasas de inflación.